jueves, 25 de diciembre de 2008

BUENOS AIRES





























Ha sido agradable volver a caminar de nuevo por las calles de Buenos Aires. Cuatro años después vuelvo a quedarme con la misma idea de esta ciudad que tuve en su momento. Es una ciudad de grandes contrastes: barrios majestuosos con grandes residencias inspiradas en las entonces prósperas ciudades europeas, ahora muchas de ellas embajadas (Recoleta), otros con un marcado acento bohemio (La Boca, caminito) aunque también aquí se encuentran retractores y algunos dicen que sólo es un intento de mantener un pasado más esplendoroso, y después otros muchos barrios encondidos a la mirada atenta del turista, barrios marginales dónde muchas famílias apenan subsisten. Me cuentan los argentinos que cada vez estos barrios están más poblados.
Buenos Aires sigue mostrando una profunda melancolía por un pasado mejor. Lo muestra la ciudad y también sus habitantes. No hay ningún argentino que te hable en positivo sobre el futuro del país, todos ellos están cansados y resignados a tener un país con enormes riquezas naturales y grandes gobernantes corruptos.
Mi albergue se encontraba en un lugar muy céntrico, junto al Obelisco en la famosa Avenida 9 de Julio, creo que es la más ancha del mundo. Desde allí decidí visitar el Barrio de San Telmo cerca del centro. Siguiendo el mapa que me pasó mi amigo Santi (desde aquí un saludo) no tuve problema en llegar a la plaza Dorrego, y realmente fue toda una experiencia... segundos antes de visionar la plaza oir los compases de un tango y después divisar la plaza y una pareja de tango bailando... La plaza es al mismo tiempo una feria abierta de antiguedades, discos y abalorios varios. Más tarde me fui al parque de Lezama donde me cobijé por una rato a la sombra de un árbol, ya que como os podéis imaginar el calor aquí es bastante intenso. Tomé un colectivo que me llevo a otro barrio, La Boca, un barrio dicen, un poco "canalla", y finalmente visité Puerto Madero, que recuerda nuestro Port Olímpic y aunque con poco convencimiento al principio visité la Fragata Presidente Sarmiento. Aunque mi visita se debió fundamentalmente a que me dió vergüenza decir que no pagaba los dos pesos de entrada, después resultó interesante descubrir la manera de vida de los marineros.

Para la noche buena la opción que proponía el albergue: cena, copas sin límite y discoteca, todo ello con transporte incluido, no me atraía demasiado, así que me aventuré a ir a buscar al hotel a la maestra que había conocido en el avión y la encontré cenando en un restaurante. Compartí con ella la cena, y acabé durmiendo en un hotel de 4 estrellas, ya que ella estaba en una habitación enorme con dos camas enormes y ante su ofrecimiento y el pensamiento de dormir en el "horno" de habitación que tenía en el albergue no dudé en decirle que sí.
El día de Navidad, fue un día tranquilo, esta vez paseando por Recoleta, un barrio que destila riqueza y señorío y luego Palermo con visita incluída a la Plaza Catalunya, que se encuentran junto a la majestuosa embajada francesa. Un día tranquilo ya que por la noche me espera un largo viaje hacia Mendoza. Pero ese será otro capítulo.
(Fotos: bailarines de Tango en la plaza Dorego, Restaurante Desnivel y una de las tantas calles alboradas de la ruta de mi amigo Santi)

1 comentario:

  1. M'agrada el tó del teu relat, a veure si t'ho pases bé a Mendoza!.
    Petons,

    Rosa.

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